La obesidad

2018-03-30 19:00:23 

Por: Luis Rodríguez – Entrenador personal de FITFITUP – Licenciado en Psicología.

Según datos de la OMS, desde 1980, los casos de obesidad se han duplicado. Es un problema que afecta a más de 1.400 millones de adultos. Dentro de este grupo, incurre en más de 200 millones de hombres y cerca de 300 millones de mujeres, esto sin contar los casos de obesidad infantil que en los últimos 10 años han crecido exponencialmente (40 millones en 2010).

Es un problema global y cada año se cobra millones de vidas.

El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. El indicador más utilizado para su detección es el IMC (índice de masa corporal). Según criterios de la OMS con un IMC igual o superior a 25, estaríamos hablando de sobrepeso. Cuando este valor es igual o superior a 30 se trata de obesidad.

Estos son solo datos, información objetiva que nos sirve para clasificar o diagnosticar la existencia del problema, pero la realidad es que la falta de ejercicio, un estilo de vida sedentario y una alimentación excesiva puede acercarnos a estos valores, y con independencia de la clasificación, estas conductas pueden llegar a ser muy nocivas para nuestra salud.

Vivimos la sociedad de los excesos, un mundo de consumo desmesurado en el que todo lo que tenemos termina siendo insuficiente e insatisfactorio y esto lleva a la superabundancia, a la desproporción, incluso, en lo que comemos.

Por otro lado, irónicamente, vivimos en la “sociedad del retrato”. La preocupación por la estética, por la imagen que proyectamos, salvo en casos patológicos (trastornos de la imagen o la alimentación) correlaciona con un mayor cuidado de la salud. Muchas personas dejan de fumar, van al trabajo andando, rechazan el ascensor, adoptan hábitos saludables de alimentación y ejercitan su cuerpo.

En mi opinión vivimos un proceso de “culturización”.

“La era de la comunicación”, de las redes sociales, de la información inmediata y procedente de muchas fuentes, nos hace reaccionar, formar criterios, ser selectivos, nos hace pensar y que aprendamos deprisa, y lo más importante, que adoptemos conductas de prevención y cambio. Debido a esto, creo firmemente que pese a los depresivos datos que actualmente manejamos sobre el desmesurado aumento de peso de la población mundial, el futuro se presenta esperanzador.

Son muchos los factores que pueden inferir en la pérdida de control del peso.

Desajustes hormonales, trastornos psicológicos, consumo de sustancias que afecten al metabolismo… sin embargo, normalmente la base del problema suele ser un desequilibrio en la balanza energética. Es decir, consumo más de lo que gasto, y esto produce y mantiene el sobrepeso.

La pieza clave para el cambio es la nutrición. Las medidas a adoptar en esta área son reducir el consumo de grasas general (sobre todo de grasas saturadas y azúcares), planificar y establecer un patrón regular de ingesta. 5 comidas diarias te ayudarán a retener menos grasa. Este es un mecanismo adaptativo que el organismo establece en largos periodos de ayuno. Dicho de una forma muy simple, comiendo más veces adelgazarás, ya que tu cuerpo dejara de crear reservas. El valor nutricional de estas 5 ingestas ha de ser ajustado en base a los siguientes criterios.

Los hidratos de carbono (pan, cereales, arroz, pasta, etc.) junto a las grasas mono insaturadas o ácidos omega 3 como los frutos secos, aguacate, salmón, etc. son la principal fuente energética que nuestro organismo utiliza como combustible. Consume estos macronutrientes, sobre todo, por la mañana y ve reduciendo el consumo hasta la noche, donde es posible que ya no necesites tanta energía.

Tus músculos están formados esencialmente por cadenas de aminoácidos, obtenemos y mantenemos nuestra masa muscular gracias a las proteínas. Son indispensables en la dieta, debemos consumir alimentos ricos en proteínas de forma regular, tanto por la mañana como por la tarde. Verduras como el brócoli, carnes, pescados, marisco contienen gran cantidad de este nutriente, sin embargo algunos de estos alimentos como la carne roja, pescado azul… por sus altos contenidos en grasa pueden ser desaconsejables en las últimas horas del día.

Por otro lado, el consumo abusivo de proteínas, en algunas “dietas milagro” puede producir un aumento de transaminasas o células muertas del hígado, afectando a su funcionalidad.

Eliminar la sal, puede suponer la eliminación del yodo, molécula esencial para sintetizar hormonas tiroideas, y esto puede llevar a serios desajustes hormonales. Por eso, más allá de recomendaciones generales, siempre que quieras adoptar una dieta específica, con limitación de alimentos, debes consultar a un médico o nutricionista, ya que una dieta desequilibrada puede comportar consecuencias fatales para tu salud.

El entrenamiento es el otro pilar sobre el que se sustenta la pérdida de peso.

Por todos es sabido que hacer deporte nos ayuda a consumir más calorías y equilibrar la balanza energética, sin embargo existen muchos trucos para acelerar y mantener estos cambios.

La actividad física “per se” hace que utilicemos energía, con lo cual se produce un gasto, un consumo, pero además de esto, hacer deporte de forma regular aumentará nuestro consumo metabólico basal, es decir, ya no solo quemamos calorías durante el entreno, también consumimos más en reposo. Este es un efecto beneficioso muy interesante ya que nos ayuda a controlar el peso.

Ejercicios de fuerza combinados con ejercicios cardiovasculares son la clave para el éxito.

Cuando movemos cargas, o simplemente utilizamos el peso de nuestro cuerpo para ejercitarnos (flexiones, sentadillas, etc.) nuestro cuerpo utiliza una gran cantidad de recursos energéticos, se produce un aumento rápido del ritmo cardíaco, una gran demanda de oxígeno en los músculos, y en consecuencia de nutrientes o calorías. Con ejercicios cardiovasculares (correr, nadar, ir en bici, etc.) aumentamos, aunque de una forma menos súbita y más estable las pulsaciones, y manteniendo las pulsaciones altas el proceso de consumo es parecido al de la fuerza. Lo que ocurre es que el cuerpo se adapta y llega un punto en el que optimiza recursos para no consumir tanto.

Piensa en la acción de conducir un coche. La diferencia al hacerlo por ciudad o carretera. Mientras nos desplazamos por la ciudad aceleramos y frenamos, cambiamos la velocidad y esto hace que el consumo de gasolina se dispare, sin embargo al conducir por carretera, el ritmo es estable y esto hace que el consumo se estabilice.
Gracias a la mejora de tu condición física, tus entrenamientos irán aumentando en intensidad, esto repercute en la creación de nuevas células musculares y el fortalecimiento de las existentes, mejora tu fuerza y tu gasto metabólico sigue aumentando, siguiendo con la metáfora, más motor, más potencia, más consumo.
La motivación en los procesos de cambio es muy importante, en este caso puede determinar la continuidad e instauración de las nuevas conductas o el abandono.
Cuando uno lleva mucho tiempo haciendo lo mismo, cambiar cuesta mucho esfuerzo, y cuando el deporte y cuidado de la alimentación no han sido importantes, no es fácil otorgarles tal relevancia. Sin embargo, con el enfoque adecuado, ayuda e incentivos, este proceso puede ser muy reforzante y seguro que a medida que avances, pases a nuevas etapas, terminará fascinándote, ya que retos como el que te propongo pueden cambiar radicalmente tu vida.

El camino es duro y está lleno de dificultades, pero puedes empezar a andar, sin miedo a caerte, porque para levantarse hay que caer, te levantarás y lo conseguirás. Las razones son poderosas, hay pocas cosas que merezcan más la pena que TÚ.

Como dijo Jim Rohn:

“Cuida de tu cuerpo. Es el único lugar donde tienes que vivir”.

2018-04-10T13:35:22+00:00

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